pensar a trozos, anunciar nada, temer y tremar, tejer, escuchar hablando
Acudí en algún punto de la pubertad a la sordera de la feminidad madura. Hice un compartimento en el cajón largo de la cómoda con trozos de plástico quemado con un mechero soplete y la propia doblez del continente. Me juré entonces, como perjuraba a ratos y así yo me instruía y así yo me educaba, y así yo me conducía, que no volvería a hablar de esa manera. porque, en el trueque del lenguaje me decían que era de más lustroso, de modo arcaico. de esa forma se palia la muerte que no acaba y queda diminutiva. la violencia q es propia y es universal y no dejamos ser doméstica al mismo tiempo, siempre a relevo. iba a mamar los pechos. portarlos no me parecia poca cosa y los volúmenes siempre me parecieron ajenos, yo era una espigajera tiesa y tierna en tramos. Juraban por dios, ocupaban el dolor existencial con el dolor físico como rutina, trenzaban el aire con sus muñecas, expectoraban riéndose pero no salía nada más que el sonido, no paraban de moverse quietas, y quietas se movían. Yo vivía enamorada de sentir q nunca me terminaban de proteger. y en el silencio impío y estocado masculino proyectaba mi deseo. y lo q en mi proyectaba masculino lo deseaba y lo tocaba. y al ser agudo y punzante y penetrar, me desdibujaba, me creaba poco a poco un surco una llaga. Me río muy alto. Creo pitidos en mi garganta. Todo se rompe y se endurece. Lo agudo es grave y lo grave es agudo. Yo callo y observo el alud. me voy encontrando a quienes sonríen al revés y repiten lo mismo y lo mismo repiten, hacen vibrar una pierna sentados, hablan abstracto y pasional y de repente callan y marchan para un rato estando en el mismo lugar, se van a otro(s) e imitandolos recuerdo la memoria adre de haberlo hecho antes, haberlo reconocido. no son como yo porque no seré hasta que esté finite. me miran, me abandonan, me sustituyen, me recuerdan, me mencionaban. lloro en círculos pq adoro la gente y así soy carnaza de psicosis y sectas, de reincidencia y periferia, paneras de cortina con barniz negrucio, cosas oscuras luminoides. La vida me debe algo y si acudo a confesarme me dicen q nada. luego como es propio y no natural cultivo mis pechos ya, los silencios quedan escondidos, me vuelvo ancha como castilla, me inflo a líquidos y a la oxidación, desgaste vertical televisado que es tan hispano, tan latino, lloro tanto q me resulta odioso y me quitan me quito el llorar con la pastillita. una y otra. soy de todos y me dejo todo. dejo de ver para verme. me recojo y me ataco como una cama desecha el sexo q es para unos morbidez para otros anestético y para mí en aquel un trámite dudoso y obvio, un reconocimiento, un teatro diario y danza ritual como tantos otros. Ya pasó, ya pasó. ahora salgo a la calle destrucade, destetade, fine y voluptuose como una obra de Calatrava. pido perdón por pedir perdón. el techo es un descanso culpable, una vez más. Las mujeres amplias de mi vida cantorin, las travestis hablamos en metáforas sublimadas y nuevo realismo, mágico, animando los objetos.
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Y la gloria de ella como el alba del día.
-Marosa de Giorgio
ese arar en el mar
original feb 03, 2026